Ní uno más!

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He estado desconectada de todo por algunos días -resultado de estar en una isla en medio del Océano Pacífico jaja! Aunque aterricé hace unos días en California, mi corazón sigue en las nubes. Lo que viví en Hawaii el fin de semana pasado fue algo tan especial que aunque busco palabras para poder expresarlo, aún no las encuentro. Estoy inmensamente agradecida con Dios por haberme llevado a tener un encuentro con Él. Regrese con un corazón sorprendido por la gracia de Dios, pero a la misma vez, un corazón cargado. Cargado por el dolor de lo que sucedido en Texas hace unos días; no suelo enojarme casi por nada, pero esto que pasó me enfureció mucho internamente.

No estoy molesta con aquellos que cometieron este acto tan atroz, tampoco enojada con la iglesia – por si eso era lo que estabas pensando. Este enojo no está enfocado hacia alguien en especial, es más como un volcán en erupción. Lo que sucedió la semana pasada me dolió, fue algo personal. Aunque no conocí directamente a ninguna de las víctimas ni a las familias en duelo, ni sucedió en mi estado, me dolió. Las balas disparadas me hirieron como cristiana, Americana y guerrera que soy. Sería fácil quedarme sentada, cómoda en este enojo y dejar que el temor me consuele y termine paralizandome, pero ¡esto no es una opción! Dejaré que estas emociones despierten más pasión, le daré permiso a este sentir para que corra a través de mí y fortalezca mis huesos; me voy a levantar y pelear porque el enemigo ¡no puede tener ni uno más!

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Amigos, ¿qué sucedería si nos levantáramos y tomáramos posesión de lo que ya nos pertenece? ¿qué podría llegar a suceder si Jesús, el Príncipe de Paz, no sólo fuera entronado en nuestros corazones como individuos (que es allí donde todo comienza), sino que también estableciera su trono en nuestra mesa, en nuestros salones de clase y en las Cortes de nuestro gobierno? Sé que lo hemos escuchado antes, pero se está volviendo mi único enfoque: Nuestras naciones necesitan a Jesús. Si tú y yo somos verdaderos creyentes, entonces ya tienen a Jesús. Pero es tiempo de sacarlo del estante, de la bijouterí, aún de la calcomanía que pegamos en el auto: ¡es el momento de llevarlo a las calles! Es ir más allá de los actos de amor y misericordia que mostrarnos (los cuales son importantes). Esto es guerra; ¡implacable, vehemente, incansable y apasionada!

¿Te diste cuenta que eres un “arma andante del Reino”? Somos vasos de barro, diseñados, limpiados y  perfeccionados para llevar algo especial. Ese “algo” es la Revelación de la Sangre de Jesús. Cada lugar donde vamos, somos los pinceles de Dios, pintando nuestra ciudad de Rojo. Hace más de 2000 años hubo un derramamiento de Sangre, el enemigo no tiene porque querer más, no hay razón por la cual se siga derramando. Jesús pagó el precio por completo. ¿Qué estás haciendo tú al respecto?

Tuve una visión hace unos meses y voy abrir mi corazón, compartiré lo más importante de ella.

  1. Necesitamos traer gozo al corazón del Padre nuevamente a través de nuestra adoración, oración y acrecentando la población en el Cielo.
  2. Si yo me alejo del mundo por medio del ayuno y me acerco a Jesús en oración, mi nación se volverá a Jesús y se apartará de todo lo demás. Comienza solo con “uno”, y ese “uno” puedo ser yo.
  3. La Cruz es la respuesta; es la luz, la sanidad, la paz, la esperanza que con tanta desesperación nuestra nación ha intentado fabricar.
  4. Somos portadores del avivamiento. En esta visión que tuve, vi a la juventud de mi iglesia, G12 Church, entrando a restaurantes, universidades, centros comerciales; los ví manejando en las calles, y mientras lo hacían espíritus del mal se iban, cadenas se rompían, porque los ciudadanos del Reinos habían llegado. ¡Todo debe cambiar cuando llegamos nosotros!

Debemos ser conscientes que cuando entramos a un lugar, ya sea a la tienda, la peluquería, la escuela o la Iglesia, el Reino de Dios llega a ese lugar. Mamás, cuando recogen a sus hijos de la escuela ¡el Reino de Dios ha llegado ese lugar! Las 2 horas que estás parado en el Transmilenio, ¡el Reino de Dios se establece ahí! Cuando estás en el parque, ¡el Reino de Dios llega a ese lugar! Es un Reino de paz, protegido por Su Sangre, por lo cual el enemigo no debería ni aparecer. Creo firmemente que debemos amar, testificar, ser amables y sonreír para reflejar a Jesús, pero primero debemos entender el lado espiritual de todo, sin volvernos religiosos. Por cuanto yo estoy aquí, hay libertad y el enemigo no se puede acercar. No por lo que soy, pues “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?”, sino por lo que la Sangre de Jesús hizo: “No temáis, Yo he vencido al mundo”.

¡Sí! ¡Él ya venció! Vayamos y poseamos lo que ya es nuestro.

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Ap 12:11

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